
El PRX recupera el diseño que Tissot lanzó en 1978, con caja fina de perfil tonneau y brazalete integrado que continúa la línea de la caja sin ruptura visual. La versión de cuarzo monta calibre suizo con autonomía aproximada de dos años y resulta más plana que la automática, unos 10,4 milímetros. El cristal es de zafiro con tratamiento antirreflejos y la estanqueidad llega a 100 metros. El cierre desplegable con pulsadores permite ajustar la talla con eslabones de tornillo.